• 23 de septiembre de 2021 11:34 PM

La limpieza se ha convertido en el reto del siglo

Desde que el foco de atención se pusiera en la desinfección, la limpieza ha sido uno de los pilares fundamentales para dotar de cierta normalidad los espacios públicos y privados.

Oficinas, centros comerciales, tiendas, restaurantes e incluso centros de salud han variado la forma de limpieza existente para garantizar unos resultados mucho más efectivos y fiables de cara a evitar virus y bacterias de las superficies que pueden tocarse.

Así, la empresa de productos químicos para limpieza ha tenido un reto fundamental: garantizar productos con una alta eficacia, a precios razonables y que permitieran facilitar la labor a quienes se encargan de poner a punto los espacios comunes.

¿Cómo se limpia realmente bien una oficina o espacio público?

Aunque la teoría es sencilla, lo cierto es que para limpiar a fondo y de forma bien hecha un espacio por el que vaya a transitar gente, no es tan sencillo.

La retirada de basura diaria es clave para garantizar la salubridad de las zonas comunes.

Para empezar, hay que tener en cuenta el tipo de mobiliario para usar productos que no los dañen pero que de verdad limpien las superficies. Mesas, armarios e incluso estanterías son tocadas por prácticamente todos los equipos, al igual que portátiles y teclados.

Eso hace que la persona responsable tenga que tener claro que las bayetas que se usen para la madera, por ejemplo, no son las indicadas ni llevan el producto idóneo para limpiar pantallas y teclados de elementos electrónicos.

De hecho, la limpieza se debe hacer de arriba abajo, empezando desde las zonas más altas para que cualquier desperdicio caiga al suelo, que será el último en limpiarse.

Hay que poner especial atención en las superficies que vayan a ser compartidas como stands o incluso, si es de cara al público, las zonas de más roce, incluidas puertas e incluso cristales o ventanas que puedan servir de refugio en las esperas.

Al llegar al suelo, lo ideal es previamente hacer un barrido, pasar una mopa o, si es viable, incluso la aspiradora. Con eso se garantiza atrapar el polvo y resto de residuos antes de elegir un producto químico que lleve desinfectante pero que esté formulado específicamente para el tipo de material que se va a fregar.