• 20 de marzo de 2026 8:09 AM

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    Las averías mecánicas más habituales en Zaragoza

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    Las condiciones de circulación, el clima y los hábitos de conducción influyen directamente en el tipo de averías que sufren los vehículos en cada ciudad. 

    En Zaragoza, al igual que ocurre en la mayoría de capitales del Sistema Central, donde conviven inviernos fríos, veranos muy calurosos y un uso intensivo del coche tanto en ciudad como en trayectos interurbanos, ciertos problemas mecánicos se repiten con especial frecuencia en los talleres. 

    Entre ellos destacan las baterías, los problemas en el sistema de embrague y las averías relacionadas con el sistema de refrigeración del motor.

    Tres averías, tres soluciones

    Uno de los fallos más habituales es el relacionado con la batería del vehículo tal como explican desde el taller mecánico en Zaragoza, Servigrúas Zaragoza

    Las temperaturas extremas —especialmente los inviernos fríos y los veranos que pueden superar ampliamente los 35 grados— aceleran el deterioro de este componente. 

    Las baterías funcionan mediante reacciones químicas que se ven afectadas por el frío intenso, que reduce su capacidad de arranque, y por el calor, que acelera su desgaste interno. Además, muchos vehículos realizan trayectos cortos dentro de la ciudad, lo que impide que el alternador recargue completamente la batería. El resultado suele ser un coche que no arranca o que muestra fallos eléctricos intermitentes. 

    La solución pasa, en la mayoría de los casos, por sustituir la batería cuando ha perdido capacidad o revisar el sistema de carga del vehículo para comprobar que el alternador funciona correctamente. Un mantenimiento preventivo y revisiones periódicas suelen evitar que el problema aparezca de forma inesperada.

    Otra avería muy frecuente está relacionada con el embrague. La circulación urbana, con constantes arranques, frenadas y cambios de marcha, provoca un desgaste progresivo de este sistema. 

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    El embrague es el componente que permite conectar y desconectar el motor de la transmisión, y su uso continuado —especialmente si el conductor mantiene el pie apoyado en el pedal o realiza maniobras prolongadas en pendiente— acelera el deterioro del disco de embrague. Con el tiempo, el conductor puede notar que las marchas entran con dificultad, que el motor revoluciona más de lo normal sin que el coche gane velocidad o incluso que aparece un olor a material quemado. 

    Cuando el desgaste alcanza cierto nivel, la única solución efectiva es sustituir el kit de embrague completo, que incluye el disco, el plato de presión y el collarín. Aunque se trata de una reparación relativamente costosa, es necesaria para garantizar el correcto funcionamiento de la transmisión.

    La tercera avería que aparece con frecuencia en los talleres de la zona centroibérica está vinculada al sistema de refrigeración del motor. Durante los meses de verano, el calor intenso y los atascos prolongados pueden provocar sobrecalentamientos si el sistema no se encuentra en perfecto estado.

    Este conjunto está formado por varios elementos, como el radiador, el termostato, la bomba de agua y el líquido refrigerante, todos ellos responsables de mantener la temperatura del motor dentro de niveles seguros. Cuando alguno de estos componentes falla —por ejemplo, por una fuga en el radiador, un termostato bloqueado o un nivel bajo de refrigerante— el motor puede alcanzar temperaturas excesivas que, si no se detectan a tiempo, pueden causar daños graves como la deformación de la culata. En la mayoría de los casos, la solución consiste en reparar o sustituir el componente defectuoso y renovar el líquido refrigerante, además de revisar el circuito completo para evitar nuevas fugas.

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